Sonia Franco | Una sincera carta

“Nunca escuché hablar de ella”. ¿Así pasa siempre cuando pensamos en los actores del teatro no? La verdad es que yo tampoco escuche hablar de ella antes, pero sí, fui a verla… Y sí, después de verla no pude dejar de hacerlo. Algunas veces llegué a escucharla, otras incluso a olfatearla con mi instinto. Parecía ser que desde ese momento su talento estaría presente, acompañándome, cazándome,  por el resto de mi juventud. Y no exagero, a continuación sabrán porque.

No pretendo sonar teatral con este texto. -Aunque es inevitable pensando que va un poco del teatro y de una actriz en específico- No pretendo nada más que expiar una culpa y quitarme de encima, un peso con el que cargo desde hace ya unos años. Pues egoísta es  mi labor de cronista, lo vuelvo todo acerca de mi persona cuando pretendo hablar de algo fuera de mi discernimiento. Más egoísta aún resolver por crónica lo que siempre supuso ser una entrevista. Por favor cuando me leas, no pienses que soy egoísta, trato de ser lo más sincero al narrar lo ocurrido.

La primera vez que nos encontramos ella estaba arriba de un escenario, y yo… también. -Señalen a los directores por estas decisiones tan oportunas y diplomáticas- Ella iba de Lobo y yo, por poco y me pierdo su función –falta de juicio cuando uno tiene dieciocho- en fin, ella nos regaló una serie de largos diálogos y soliloquios empapados por esas lagrimas que sólo el actor puede usar como sortilegio para la empatía; Nosotros no pudimos más que ofrecer nuestro solemne silencio y claro responder ‘llanto por llanto’ cerrando con una serie de aplausos. Eso fue todo en nuestro primer y distante contacto.

Ya era 2014 cuando otro de sus éxitos formaba filas en los teatros: “El amor de las luciérnagas”. El título zumbaba en mis oídos tan frecuentemente y de manera tan desagradable que me lamento nunca llegar a verlo. En verdad me lamento porque casi por un año, me persiguió con su rostro bien puesto, mirando hacia arriba, esperando o quizá más bien olvidando que podría existir algún día este texto. Lo digo literalmente, su rostro y la obra estaban en todos los espectaculares metro y para ese entonces ya habíamos tenido la charla que detonó esto; Habíamos cruzado palabra muy tarde y de noche después de una de sus funciones ‘De Ouijas y nuevas tecnologías’ –una de mis favoritas hasta ahora- ; Había incluso pisado el suelo de mi aula de clases con la única intención de charlar con nosotros, los estudiantes; Me había invitado personalmente a ver ‘Tiburón’. Otra de sus puestas en escena que jamás llegué a ver.
Así que directores, otros actores y creativos: no se enfaden sabemos que trabajamos en equipo y aun así siempre se presenta la ocasión de ser ignorados. Muy probablemente me esté exponiendo a ello ahora mismo, no tengamos miedo, lo que nos hace especiales no radica en ello.

Pero ella, volviendo a ella… ¿Qué la hace especial? ¿Qué hace que para mi pierda la ocasión de ser ignorada? Pues bien basta decir que hace de manera impecable su trabajo, que no es el ser ‘ella’ , lo que la hace especial, es la fuerza de su diligencia actoral. A pesar de ello me seguí torturando: “¿Has visto Los Insólitos Peces Gato?” me preguntaron. “Mi cuñado fue el cámara” agregó uno de mis conocidos para aumentar el salseo. No sabía entonces que ya había visto la cinta, que con ésta me encontré de nuevo conmovida por su trabajo, y mucho menos sabía mi amigo que le había pedido una entrevista al rostro detrás de  ‘Alejandra’   y que la misma nota, nunca vio, ni verá la luz del día. Después de ello, las nominaciones al Ariel y bueno ya sabrán lo que sigue… incluso vi su rostro haciendo el zapping por los canales de novelas.

Pues bien, como verán Sonia Franco y yo jamás hemos tenido una relación cercana, no más allá de la que pueden tener dos extraños haciendo carreras diferentes en la misma ciudad, uno quizá, siguiéndole incidentalmente la pisada al otro. Además de arrepentimiento por nunca publicar aquella entrevista, de Sonia Franco me queda: Una carpeta llena de archivos; entre los cuales se encuentra una serie de fotos, un montón de audios comprimidos que jamás se reprodujeron al descomprimirse y la escaleta de una entrevista; El recuerdo de que alguna vez una actriz mayor le dijo que el personaje se deja dentro del teatro; La enseñanza de que actuar significa lo que significa en inglés: ‘To play’ = Jugar; Nuestras risas cuando  le pregunté sobre algo que nunca haría en escena y comentó que meterse un taladro por el culo era su límite–y que era algo que había visto antes.  Y también el como nos reímos porque antes solo le daban papeles de ‘Señora modocita’. Me quedó con esos archivos y memorias y hoy se los entrego a ustedes, a ti Sonia si estás leyendo, a Rhode, Elide, Gina, a Lady Hamlet, a Hugo Arrevillaga, a Alejandro Ricaño y  a ustedes los cuatro editores, tres colaboradores y un fotógrafo que me vieron fracasar en el intento por publicar este artículo. Hoy se lo dejó al tiempo, hoy se lo agradezco a Sonia.

Texto: Daniel Franco
Registro Visual: Alberto Rebelo



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